viernes, 3 de noviembre de 2017

Primer capítulo de "Vuela conmigo"

Hoy quiero compartir con vosotros el primer capítulo de "Vuela conmigo". Me he dicho: si Amazon te deja leer los cuatro primeros, yo no voy a ser menos. Así que aquí lo tenéis, con todo mi cariño e ilusión para vosotros. 

Trasov Vil
Me despierto con la nariz helada. Odio cuando me pasa esto. No me hace falta salir de la cama para saber que es un día feo y gris, de esos en los que me da por pensar en el paso del tiempo, en el rumbo de mi vida y en cómo, en ocasiones, me siento totalmente a la deriva. Es como si la lluvia me arrastrara hacia su estado de ánimo, triste y taciturno. Así que remoloneo un poco más entre las sábanas, intentando posponer el momento de abrir la ventana y ver que, efectivamente, es un día de esos. Menos mal que ya he terminado con el maldito trabajo de camarera. Salir de vez en cuando con mis compañeros lo hacía más llevadero, pero nunca me sentí del todo parte del grupo. Prefería quedar con Justin. Intercambiábamos conversaciones y sexo a partes iguales y estábamos cómodos así; simplemente nos caíamos bien y pasábamos el rato.

¿Cuántas horas de mi vida invertí sirviendo comida a gente que no debería comer tanto? ¿Cuánta energía malgasté intentando llegar a la mesa sin derramar nada, en lugar de enfocarme en lo que realmente me apasiona? Soy demasiado vaga, inconstante, perezosa y siempre me he regido por la ley del mínimo esfuerzo. O quizá debería hablar en pasado, porque por fin he dado el paso. Por fin me paré a pensar, puse las cosas sobre una balanza y cogí las riendas de mi vida; o al menos eso creo… Debería haberlo hecho mucho antes, pero las cosas suceden a su tiempo, ni antes, ni después, y veinticinco años tampoco es ninguna exageración ¿no? La verdad que es una cifra importante, un cuarto de siglo, como se suele decir. Quizá fue esto lo que me impulsó a cambiar de vida y dedicarme a lo que siempre había soñado, los libros. No recuerdo haber sido más feliz que estando rodeada de libros y mejor si son antiguos. Meterme de lleno en sus historias, sus leyendas, soñar con la infinidad de posibilidades que ofrecen y viajar a otros mundos sin moverme del lugar. La mitología, las leyendas y los seres sobrenaturales siempre han sido mis mejores compañeros.

El instituto no fue fácil. Fue una etapa por la que tenía que pasar, así que intenté centrarme en la lectura, pasar desapercibida y no darle mayor importancia. Solo mi profesora de arte despertó en mí algún tipo de interés. Oírla hablar de egipcios, griegos, romanos, esculturas y catedrales, alimentaba todavía más mi imaginación. Llegados los dieciocho, decidí mudarme lejos de mis padres. Necesitaba espacio, independencia y dinero. Recuerdo el momento de la despedida como un gran alivio para ambos. Ellos no tenían que soportarme durante más tiempo y yo a ellos tampoco, así que las cosas siguieron su curso natural. Fue entonces cuando comencé a trabajar de camarera, prometiéndome a mí misma que sería temporal, que una vez reuniera el dinero necesario, me iría a otro país. Pero hace falta mucho dinero y todo sabemos cómo es el sueldo de una camarera así que, pasado un tiempo, me acostumbré. ¡Qué manía tenemos los seres humanos con acostumbrarnos a todo! Una manía que hace que pasen los años y no hayas sido capaz ni de pensar, simplemente funcionas como un robot: desayunas cualquier mierda, maldices madrugar y te quejas de tener sueño durante todo el día; te arreglas lo justo para no asustar a nadie, trabajas, repites mil veces en voz alta y baja que quieres terminar ya tu turno, llegas a casa, aplastas el sofá, te pones tu serie favorita mientras te atiborras de carbohidratos y duermes sintiéndote mal por haber comido tanto. Es un círculo vicioso del que no es fácil salir. Pero salí.

Al soplar la vela imaginaria de mi vigesimoquinto cumpleaños me dije, Liv, tienes que hacer algo con tu vida, el tiempo está pasando y no querrás tener que arrepentirte de lo que nunca hiciste. Definitivamente, necesitaba un cambio. No era la primera vez que me informaba de lugares con las mayores y más ricas bibliotecas y, sin duda, había uno que  llamaba mi atención por encima de todos los demás. Trasov Vil, una ciudad situada al norte de Rumanía, no demasiado grande y con bosques y vegetación suficiente para alimentar a las ardillas de toda Europa, en el caso de que allí habiten ardillas, claro. La verdad que no conocía nada de este lugar, así que me puse a investigar. Lo más importante para mí, era el clima. No quería mudarme a un país donde llueva hasta aburrir y que el sol sea algo parecido a encontrarte dinero en la calle. Para cortarme las venas allí, ya lo hago aquí y me ahorro el viaje. Inviernos fríos y secos, veranos cálidos y húmedos… lo puedo soportar. Contacto con una agencia que se dedica a buscar empleos en el extranjero. Un puesto de becaria en una de las bibliotecas más grandes del continente y con las mejores colecciones de libros antiguos, me parece perfecto. Vale que el sueldo es ridículo, pero la verdad, lo haría gratis. Me empiezo a poner incómoda con la búsqueda de piso. Vivir tantos años sola hace que me plantee si sería capaz de soportar a otra persona merodeando por todas partes, entorpeciendo mis manías y tocando todas mis cosas. Lo que más me preocupa es que le guste hablar y lo que es peor, ¡que quiera hablar conmigo! ¿Existen viviendas silenciosas como esos vagones de tren donde no se te permite ni estornudar? Solo me queda rezar a un Dios en el cual no creo y confiar en que todo saldrá bien.

Por fin, ha llegado el momento de hacer la maleta. ¡El último día de mi asquerosa vida! Llevo haciendo la lista para el viaje casi un mes, no quiero dejar nada a la improvisación. ¿Cómo se puede meter toda una vida en una simple maleta? Pues sentándome encima y usando toda mi fuerza, lógicamente. Una vez recogido todo y repasado la lista como veinte veces, me quedo de pie en medio del pasillo. ¡Realmente lo voy hacer! Creo que si me detengo a pensarlo, deshago la maleta y me instalo de nuevo, así que agarro el bolso y hecha un manojo de nervios, salgo dando un buen portazo.
El viaje en autobús hasta el aeropuerto pasa rápido mientras me despido a través de los cristales mojados, pero el tiempo no parece correr mientras espero para subir al avión, así que me entretengo observando a todos los que vamos hacia el mismo lugar. ¿Quién sabe? Quizá acabe encontrándome con alguno de ellos allí, pero por mucho que me esfuerce en recordar sus caras, sé que mi mala memoria no recordará ninguna de ellas. Hay varias familias con niños que espero que no se sienten cerca de mí, algunos chicos con gorra, mochila y auriculares, un grupo de amigas visiblemente emocionadas con el viaje, hombres de negocios… Me pregunto si alguien me estará mirando y qué pensarán de mí. ¿Verán mi temblor de piernas o es solo sensación mía? Al fin, se abren las puertas y podemos subir al avión. Bueno Liv, toma asiento, controla los nervios, que allá vamos.

Trasov Vil huele a humedad. Es de noche y la temperatura es agradable. Me alegro de haberme mudado en verano y, aunque la humedad no va a ser buena para mi nuevo corte de pelo con flequillo, el no tener que peinarme, lo convierte en el corte perfecto. Encuentro mi edificio fácilmente, es una torre con una especie de caseta para pájaros gigante en el tejado, piso 7B. Me recibe una chica de pelo largo color caoba. Su amplia sonrisa deja ver el piercing de su lengua y me parece de lo más atrevida. Me resulta graciosa su forma de caminar, es como si fuera dando saltitos sin esfuerzo alguno. Una vez hechas las presentaciones me hace un recorrido por toda la casa. Sylvia también se ha mudado recientemente, pero me pone al día de todo. Es alucinante la facilidad que tienen algunas personas para hablar con desconocidos sin sonrojarse, sin embargo, yo estoy roja como un tomate y eso que no hago nada más que escuchar y asentir. Su voz es suave, algo aguda, pero agradable. Llegamos al  cuarto de baño y está ocupado. ¡Qué inoportuna! ¿Quizá tres personas viviendo en un mismo piso son demasiadas? Elah sale del baño un poco avergonzada e irremediablemente me produce ternura, no me quiero ver en esa situación. Tiene el pelo corto moreno, unas cuantas pecas en la nariz y unos labios naturalmente rojos. Es más bajita que yo, visiblemente más tímida que Sylvia y, a pesar de llevar meses viviendo ahí, no dice gran cosa. Me instalo en mi habitación que está igual que en las fotos: una cama grande con una sábana color marrón que por supuesto cambiaré, ventana con vistas a la calle principal, una pequeña mesa de estudio y un armario medio decente. ¿Qué más puedo pedir? Me tumbo en la cama sin quitarme la ropa y duermo hasta el día siguiente.

El trabajo en la biblioteca no comienza hasta dentro de unos días, así que tengo tiempo para hacerme con el lugar y visitar la ciudad. Me levanto temprano, me pego una ducha y salgo a conocer mi nuevo hogar. Qué diferente se ve todo ahora de cómo se veía anoche. El sol hace resplandecer los edificios que son arquitectónicamente perfectos, la gran mayoría en diferentes tonos de gris. Me impresiona la cantidad de ventanas que tienen todos, cada una igual a la otra. A lo lejos, entre los edificios, aparecen algunos tejados de color verde turquesa que sin duda, le da un toque muy pintoresco y acogedor a la vista general de la ciudad. Mi calle es animada, hay un pub, varias tiendas de alimentación, una de tabaco y licores y varios restaurantes. Giro a la derecha hacia la avenida principal y camino sin rumbo. Se nota que no soy de aquí, ya que no puedo dejar de mirar a todas partes totalmente fascinada. Como leí en algún sitio: “los ojos que ven por primera vez, siempre brillan más”. Paso por una tienda que llama mi atención por su enorme letrero en blanco y verde y no me puedo resistir a entrar. Tal y como su nombre indica, “Healthy Food” está repleta de todo tipo de alimentos saludables y con un aspecto inmejorable. Después de mucho pensar, me pido un batido de fruta natural y un pan con toda clase de semillas y frutos secos y paseo hacia la biblioteca. Tengo curiosidad por ver si es tan impresionante como parece. Una fachada más pequeña de lo que me imaginaba, me recibe al final de la calle. Está decorada por unos grandes ventanales y una enorme puerta de madera que se abre en dos hojas, llena de muescas propias del paso del tiempo. El suelo desgastado de baldosas grises, muestra los años y la categoría del lugar, que huele a piedra y a papel. Robustas columnas rodean un patio interior con unas cuantas plantas y una fuente que pone la melodía al lugar. En torno al patio, se encuentran las diferentes aulas dedicadas a asignaturas de la universidad y en el piso de arriba está la sala principal. Subo por la gran escalera y no puedo evitar emocionarme al ver la cantidad de libros que hay allí. Los estantes hasta el techo, en tonos marrones y grises y la falta de luz natural, le otorgan al lugar un aspecto embriagador. Los pocos rayos de sol que se filtran, lo hacen a través de unas llamativas cristaleras de colores que, por alguna razón no se distinguen desde la calle. En el centro de la sala, hay una zona con mesas, apenas ocupadas y a su alrededor todo un mundo de papel y tinta. No veo el momento de empezar a trabajar aquí. Recorro todos los rincones y me pregunto cuánto tiempo tardaré en conocer los pasillos, las diferentes zonas y categorías y cómo va a ser posible encontrar un libro en este laberinto. Deambulo un buen rato observando y tocando todo cuanto hay. ¡Qué gran olor es el de los libros!
Totalmente satisfecha con el lugar, que ha superado con creces mis expectativas, regreso a casa deseando que llegue el momento de empezar. Mientras tanto, debería aprovechar estos días libres para entablar relación con mis compañeras; no he llegado hasta aquí para estar tan sola como lo he estado siempre. Elah está en el sofá del salón y me mira sin inmutarse demasiado.

—¿Has ido a visitar la ciudad? —me dice casi en un susurro.
—Sí, quería verla de día. Anoche llegué tarde y muy cansada después del viaje.
—¿Y qué te ha parecido?
—Es bonita. He ido hasta la Biblioteca Mirna para ver cómo va a ser trabajar allí.
—Tranquilo —dice en una media sonrisa.
—Eso seguro —le digo devolviéndole el gesto mientras me siento en el sillón de al lado—. ¿Desde cuándo vives aquí?
—Me mudé hace poco más de un año. He vivido en diferentes ciudades, pero indudablemente esta tiene algo especial. Creo que me quedaré aquí durante un tiempo. Las fotos son espectaculares y las pagan bien, así que…
—¿Hay alguien en casa?
Sylvia entra cargada de bolsas directa hacia la mesa.
—He traído la comida: sopa, carne y pescado típicos de aquí, para que te vayas integrando —me dice emocionada esperando mi respuesta.
—Muchas gracias, no tenías por qué hacerlo.
—Claro que sí, ahora eres una más y tienes que sentirte en casa, por lo tanto ¡vamos a comer!

La comida se hace entretenida. Si bien, nunca me ha gustado comer delante de desconocidos, no me queda otra opción así que, intento concentrarme en la conversación. Sylvia es profesora infantil y habla con entusiasmo contando anécdotas divertidas de los niños. La forma en la que habla, lo hace parecer interesante, pero no me imagino trabajando con mocosos. Elah interviene de vez en cuando, pero su mente parece estar en otro lugar.

—Te pasa algo —le increpa Sylvia.
—Me he vuelto a pelear con Anna. Esta vez me ha pillado de lleno y no he podido darle ninguna excusa. Usó mi portátil y vio la conversación con la chica de internet, así que imagino que se ha terminado.
—Eres lo peor, no sé cómo te las arreglas para ponerle los cuernos a cada una de tus novias.
—Lo sé, no tengo remedio.
Ambas ríen y me contagian a mí también. Parece que esto no va tan mal.

Son las nueve de la mañana y acabo de llegar a la biblioteca. Me recibe Doria, una mujer regordeta de unos cincuenta y tantos, con gafas y un cordón en forma de perlas que las deja caer sobre su pecho, dándole un aspecto acorde con el lugar. Tiene el pelo castaño con bastantes canas, un traje chaqueta color gris y olor a rosas. Odio el olor a rosas. Me enseña todos y cada uno de los rincones de la biblioteca, salón general, salas privadas, despachos, baños y me da un esquema de todos los pasillos, con sus nombres y categorías. Todo esto nos lleva más de media mañana. Parece que haya explicado lo mismo cientos de veces, se muestra correcta y recita el guion de maravilla; está claro que lleva trabajando aquí mucho tiempo. Mis funciones van a consistir en vigilar el salón general, que la gente se comporte bien, mantener el silencio, asegurar el correcto uso de los libros, responder las preguntas básicas que me puedan hacer y que todo esté ordenado y cada libro en su lugar. Como me ha repetido Doria varias veces con su sonora voz: “Lo más importante es que los libros vuelvan a su lugar correspondiente. Coloca uno mal y el caos estará servido. ¿Lo has entendido?”

La primera mañana de trabajo me ha recordado al primer día de instituto, no se hace mucho y se pasa rápido. El resto de semana transcurre sin problemas y puedo leer mientras vigilo la sala, así que ya voy por la mitad del libro “Mitos y Leyendas de la cultura popular”. Algunas son realmente terroríficas y leer este tipo de cosas en un sitio así, hace que se me erice la piel. Hombres lobo, brujas, vampiros… Unas montañas como las de aquí, sin duda, te hacen creer que todo esto pueda ser real. Poco a poco voy memorizando el sitio, todavía necesito ayuda para encontrar los libros, pero al menos ya no me pierdo por los pasillos. Creo que me harían falta meses para encontrar algo aquí.

—Chicas, esta noche salimos. ¡Es viernes y el cuerpo lo sabe!
Sylvia está muy animada y hace un bailecito muy gracioso y sonríe sin parar.
—Voy a depilarme —suelta Elah entre risas—. Nunca se sabe lo que puede pasar.

Su respuesta me deja perpleja, pero tiene toda la razón. Cenamos en un restaurante repleto de gente de todas clases, turistas, locales, vestidos elegantes, sudaderas, de todo un poco. ¿Dos botellas de vino para las tres son muchas? Menuda resaca voy a tener mañana. Las tres nos hemos arreglado a conciencia. Yo me he puesto mi blusa gris favorita, que me resalta el pelo y los ojos castaños. Sylvia lleva un vestido lencero muy sexy color malva y negro que le marca su envidiable figura y Elah, una camiseta a rayas con algo de escote. Me sorprende lo bien que me lo estoy pasando con dos personas que, hasta hace apenas unos días, eran unas absolutas desconocidas para mí. ¿He tenido que mudarme de país para encontrar por fin, un grupo de amigas? La noche continúa en un pub muy moderno. Colores blancos y brillantes, bailarines semidesnudos y la música electrónica más actual. Me lo estoy pasando en grande. ¿Cuánto tiempo hace que no me divertía tanto? Ni siquiera lo recuerdo. Bailamos como posesas y bebemos como si nos fuera la vida en ello, hasta que ya no podemos más y nos volvemos a casa, tacones en mano. No sé exactamente la distancia entre la discoteca y mi cama, pero deduzco que de no haber sido por las risas y el alcohol, se me habría hecho eterno. Nos vamos cada una a nuestra habitación sin despedirnos y me quedo un rato mirando por la ventana, sintiendo el aire fresco en la cara. Todos los locales están cerrados. Ahora no parece la misma calle animada del primer día, más bien parece una calle apartada y solitaria por la que no me atrevería a pasar sola. De repente, a lo lejos veo algo acercarse. Va muy rápido. Si es un coche lleva las luces apagadas, pero… no puede ser un coche. Pasa por debajo de mi ventana a una velocidad pasmosa y no soy capaz de intuir qué puede ser. Solo he visto una sombra negra, pero claro, con todo lo que he bebido, podría ser cualquier cosa. Me quedo un rato más observando, pero empiezo a quedarme dormida. La cama me llama.

La mañana siguiente es una pesadilla. Queda más que probado que los dieciocho pasaron hace mucho y que las resacas, son ahora mucho más duras. Me levanto a por agua, un sándwich y lucho por llegar de nuevo hasta la cama. Me lo pasé genial anoche, hacía mucho que no me sentía así. No llevo aquí ni un mes y ya me siento totalmente diferente. Quizá sea la ciudad, la compañía, un trabajo que de verdad me gusta… el caso es que, por primera vez en mucho tiempo, me siento bien. El bullicio de la calle me distrae de mis pensamientos, parece que toda la ciudad ha decidido venir hoy aquí. Me asomo por la ventana y el momento de anoche me viene directo a la mente. ¿Qué fue la sombra esa que vi? Pasó tan rápido y estaba tan oscuro que apenas pude adivinar lo que era. ¿Fue producto de mi imaginación?

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Temido Freddy


Siendo hoy el día que es, tenía que publicar esta entrada de mi libro "Fuegos de Sol", en la que hablo de las pesadillas, de los miedo y del "Freddy" que todos llevamos dentro y que da nombre a este blog. A veces querido, a veces temido, pero siempre presente.

FUEGOS DE SOL: TEMIDO FREDDY (viernes, 31 de mayo)

Pesadillas, esos terrores malditos que te acompañan en tus peores noches. Se apoderan de ti, te angustian, sacan a relucir tus mayores miedos encogiéndote el corazón y haciéndote incluso llorar.
¿Cuántas noches más me voy a despertar empapada en lágrimas y con el gesto encogido?
Me siento aquella pobre chica en Elm Street huyendo sin poder escapar. ¿Cómo se puede llegar a sufrir tanto en un sueño? Son tan dolorosamente reales que la sensación de angustia te acompaña durante todo el día. Las pesadillas te roban parte de tu energía y se apoderan ti poco a poco.
Pero aun así son fascinantes, auténticas, pura adrenalina.
Son capaces de buscar en el rincón más escondido y oscuro de tu corazón y encontrar las cosas que tiraste bajo llave al fondo del mar. Cuando te lloro a lágrima viva, te lloro de verdad.
Aunque esté durmiendo, eso no importa. Lo sientes en tu piel, en tu alma y ese sentimiento se queda grabado y deja su cicatriz.
En las noches más oscuras, Freddy llega con sus cuchillas de acero y tú lo único que puedes hacer es gritar y correr.



lunes, 30 de octubre de 2017

Ya somos más de cincuenta. ¡Gracias!

Empezamos la semana con buenas noticias y es que ¡ya somos más de 50 en Querido Freddy! Quiero dar las gracias a todos los que habéis dado a "me gusta" y compartido las publicaciones, permitiendo así que lleguen a más gente.
También me gustaría aprovechar para pedir a todos los que habéis comprado "Vuela conmigo" o "Fuegos de Sol", que invirtáis un minuto de vuestro tiempo en entrar en Amazon y dar una valoración positiva a cualquiera de mis libros. Todos sabemos la importancia que tienen las opiniones y reseñas a la hora de que otros te conozcan y se interesen por ti y que si nadie te puntúa, lamentablemente no obtienes visibilidad en el gran acuario que es internet.

Así que, de nuevo, ¡muchísimas gracias a todos!

martes, 24 de octubre de 2017

Mi novela "Vuela conmigo"


Por fin, después de muchos meses envuelta en letras, folios, teclas y algún que otro dolor de cabeza, me puedo sentar a escribir esta entrada con la que llevo tanto tiempo soñando. 
Mi novela "Vuela conmigo" ya es real. 
La podéis encontrar en Amazon para descargar directa a vuestros dispositivos a tan solo un clic. De momento, solo está disponible la versión digital, pero espero poder daros una buena noticia más adelante y que la podamos disfrutar en su versión impresa. Aquí os dejo el link:

https://www.amazon.es/Vuela-conmigo-Noem%C3%AD-Quesada-ebook/dp/B076PL32JV/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1508831263&sr=8-2&keywords=vuela+conmigo

¿Qué os puedo decir de esta historia sin hacer spoilers? ¿Cómo intentar ser objetiva cuando me tiene totalmente enamorada?
Voy a aprovechar para dar las gracias a todas las personas que me han soportado durante este proceso, dándome sus opiniones y consejos. A mis lectoras cero, que no puedo estar más orgullosa de haberlas elegido a ellas para intercambiar primeras impresiones. Al artista que ha conseguido plasmar mis ideas en esta magnífica portada. 
¡"Vuela conmigo" no sería lo mismo sin vosotros!
Y ahora sí que sí, os dejo la contraportada para ir abriendo boca. Ojalá os incite a querer saber más y ojalá la disfrutéis tanto como yo. ¡Espero vuestra opinión!
"Vuela conmigo", por Noemí Quesada

Cuando Liv se muda a Trasov Vil, una ciudad situada al norte de Rumanía, lo hace con el objetivo de trabajar en una de las mejores bibliotecas del continente y cambiar por fin, su estilo de vida. Pero pronto descubre, que esa ciudad tiene mucho más que ofrecer de lo que ella jamás hubiese, siquiera imaginado. Un grupo de guerreros procedentes de otro universo, llamados Los Siete, pone el suyo patas arriba y descoloca todos sus planes, haciéndole plantearse cuestiones hasta entonces, inexistentes para ella.
Su líder, Déniss, aparece en mitad de la noche con sus increíbles alas negras y se convierte en el centro de sus pensamientos, llenándola de contradicciones y provocándole una auténtica revolución sexual. Atraída como siempre por el misterio, las leyendas y las cosas imposibles, Déniss es como un imán gigante y es incapaz de resistirse a él. 

"Cuando eres hierro y el imán tira de ti, no hay nada que puedas hacer, más que dejarte arrastrar"



miércoles, 11 de octubre de 2017

Darse cuenta

¿Habéis pensado alguna vez en la importancia de darse cuenta? No importa cuánto nos lo digan, nos adviertan, que nosotros mismos los sepamos o que nos lo escriban en carteles luminosos. Hasta que el cerebro no hace "clic", todo lo demás da exactamente igual. 


FUEGOS DE SOL: DARSE CUENTA (domingo, 19 septiembre)

Por la calle número tres voy andando sin tacones, rozándome con la hierba mojada. 
Una mancha verde aparece en mis zapatos. Me los quito. Me duelen los pies. 
Un todo terreno pasa por mi lado y me empapa al pisar un charco. Me quito la ropa. Hace frío.
Busco en mi bolso algo que me pueda ser útil, pero sólo encuentro un paraguas. 
Miro al cielo. Está gris. Me miro las manos. Están mojadas.
Miro la carretera y un río de agua corre cuesta abajo.
De repente se me cruza un gato corriendo. 
¿Por qué corre ese gato? Es como si huyera del agua.
Y entonces, sólo entonces me doy cuenta... ¡Está lloviendo!



domingo, 8 de octubre de 2017

La brújula

Querido Freddy,

Nos pasamos la vida intentando averiguar el camino a seguir, vagando por las calles al más puro estilo "The walking dead". ¿Qué creéis que pasaría si nada más nacer nos regalasen una brújula que nos marcara el camino? ¿Creéis que seguiríamos el rumbo de la aguja o creéis que nos convertiríamos en sus prisioneros?

Y es que, como bien sabemos, no nos basta que nos adviertan de los peligros, que nos aconsejen o nos guíen. No nos quedamos conformes con las experiencias ajenas, ni con la facilidad de un futuro cierto. Y eso es algo que me encanta. Nos gusta experimentar, nos gusta probar, desafiar, sentir el miedo y equivocarnos. Nos gusta lanzarnos sin saber si habrá cuerda e indagar en los caminos prohibidos. ¿Qué clase de persona seguiría a ciegas una brújula por mucho que te prometa felicidad?

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero yo creo que más bien, la curiosidad lo hizo ser el majestuoso animal que es. Por esto, por muy perdida que me sienta, por difícil que se haga el camino y para qué negarlo, por mucho que en ocasiones ansíe tener esa brújula, en el fondo, agradezco no tenerla. Agradezco el tener que descubrir, agradezco el experimentar y los saltos al vacío.  Porque de esto se compone la vida, de saltos, de experiencias, de fallos, pero también de aciertos. Me imagino dentro de muchos años contando a mis nietos las historietas de mi vida y me veo sonreír. ¿Qué clase de historias contaríamos si hubiésemos nacido con una brújula bajo el brazo?

Me viene a la mente una gran frase de mi amado, Jorge Bucay: “El salir de la confusión es, muchas veces, la consecuencia de dejarme estar en ella”.
—¿No es maravilloso estar perdido? —me pregunto mientras río como una loca por el sarcasmo implícito.

—Sí, lo es.

martes, 3 de octubre de 2017

De robots y hombres

Querido Freddy,

A veces tengo la sensación de que la mayoría de cosas se escapan de mi comprensión. A veces me siento tan insignificante como realmente soy y veo cómo el mundo gira a mi alrededor mientras yo sólo puedo mirar embobada y hacerme mil preguntas.

Me veo a mí misma sentada en una silla, contemplando sin comprender todo lo que pasa en torno a mí. Torbellinos de gente, de conversaciones, de sonidos elevados, de prisas y sinsentidos que giran y giran y yo sólo soy capaz de mirar, ajena. Es como si se tratase de otra dimensión diferente a la mía. Por un segundo pienso que son mundos diferentes, que estoy en una serie de ciencia ficción de esas que tanto me gustan, con universos paralelos y diferentes realidades. Donde puedes verte a ti misma en la decisión que finalmente no escogiste y ver las diferentes opciones.
Pero esto sólo dura un segundo y rápidamente vuelvo al mundo real, al mundo donde se perdió el sentido común.

Actuamos incoherentes, hablamos discordante, pensamos inconexo, somos absurdos. Y yo que me pregunto tanto, me vuelvo a preguntar ¿cómo sería detenerse a pensar? ¿Cómo sería recuperar el sentido común? ¿Cómo sería ser consecuentes?

Definitivamente nos hemos convertido en robots, con el piloto automático permanentemente activado, programados para seguir una serie de instrucciones, en un orden determinado, dormir y volver a empezar.
Sin hacer preguntas, sin cuestionar, sin detenernos a pensar. Sin usar lo más valioso que tenemos y que nos diferencia de estar automatizados. La capacidad de razonar.

Hay personas que llevan tanto tiempo con el piloto automático activado que se han olvidado de su humanidad. Porque lo que pasa cuando piensas es que puedes descubrir cosas que no te gustan, puedes descubrir verdades que duelen y todo tu mundo se puede desmoronar en un segundo. Por eso hay gente que teme la soledad, que teme el silencio.
Temerosos de ellos mismos, aterrados por su propio ser, encienden el botón y nunca más lo vuelven a apagar. 

¿Quién querría volver a pensar? ¿Quién querría atreverse a cuestionar? ¿Quién querría usar la razón si podemos activar el piloto automático?...